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TESTIMONIO DE UN INDIGNADO

POR FREDY GAMBETTA

Este año se cumple el sesquicentenario de la frase “el respeto al derecho ajeno es la paz” que pronunciara el líder revolucionario Benito Juárez al ingresar a la capital mejicana después del fusilamiento del emperador Maximiliano.

Como ciudadano común y corriente que paga impuestos puntualmente, que no debe a la municipalidad ni a otro organismo público o privado, tengo derecho a reclamar respeto para mi tranquilidad y la de la comunidad tacneña.

Viene a cuento el preámbulo porque estoy indignado de ver como casi todos los días de la semana, por quítame estas pajas, cualquier grupo de protestantes, de lo que fuera, se apropian de la plaza Zela y desde allí empiezan su marcha por la calle San Martín provocando el caos vehicular.

Es más. Las procesiones religiosas y los desfiles de los colegios, públicos y privados, organizan interminables desfiles por sus aniversarios. Esos desfiles son un negociado que pagan los sufridos padres de familia que no quieren quedarse atrás, por pobres que sean, para que sus niños se presenten disfrazados. A los niños los siguen sus padres, familiares y una nube de fotógrafos. A los viandantes no nos importan esos desfiles. Mientras tanto las calles aledañas a San Martín están atiborradas de automóviles, de ciudadanos que quieren llegar a tiempo para realizar sus gestiones.

No hay derecho de que se falte el respeto impunemente a la comunidad. Los desfiles deberían ser organizados los días domingo y alrededor de sus colegios y las procesiones de cuánta imagen se carga en andas deben también trasladarse a ese día. Nadie debe molestar al vecindario.

Soy católico pero no soporto a los salvajes que lanzan cohetones cuando sacan las imágenes en procesión. Ojalá lea esta crónica mi amigo Monseñor Obispo, a quien estimo, y tome cartas en el asunto prohibiendo esos actos que lindan con el paganismo. Expresen su fe de otro modo, ayudando a los pobres, creando en nombre de las hermandades hogares para niños o ancianos abandonados y no inviertan dinero en cohetones que perturban y logran como resultado que terminemos maldiciendo a esos desconsiderados “fieles”

Nos merecemos respeto de parte de las autoridades y de los burócratas que pagamos con nuestros impuestos. No es posible que aún, después de nueve años, siga el local de la prefectura como un monumento a la barbarie, que la Casa Basadre permanezca cerrada más de ocho años o que pinten como les dé la gana los inmuebles o que el pasaje Vigil, por ejemplo, sea convertido prácticamente en una feria de mercachifles que ofertan en chillones avisos sus productos.

No reparan en que cuando uno dice amar a su ciudad se esmera porque ella luzca siempre presentable, limpia, ordenada, sin ruidos. Máxime en una urbe como la nuestra que tiene pocos atractivos turísticos que mostrar. Hay que cuidar lo que tenemos, llamar la atención de los propietarios de las viviendas y a los directores de los colegios para que no ofendan a la ciudadanía con su mal gusto u organizando desfiles intrascendentes.

Basta por favor de tanta incuria y de pasarse la responsabilidad unos a otros.

 

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