Home / Columnistas / FINAL DEL MITO

FINAL DEL MITO

POR FREDY GAMBETTA

Hace medio siglo el 8 de octubre de 1967 fue capturado en el valle de La Higuera, al sur de Bolivia, el guerrillero argentino-cubano Ernesto Guevara de la Serna conocido por el sobrenombre de “Che”. Al día siguiente, siguiendo instrucciones del gobierno de La Paz, el sargento Mario Terán acribilla a balazos al prisionero que había pedido que no lo mataran pues valía más vivo que muerto.

Su cadáver fue expuesto en la pequeña morgue de Vallegrande. Allí estaba convertido en una piltrafa humana el otrora todopoderoso y sanguinario guerrillero que acompañó a Fidel Castro a derrocar la dictadura de Fulgencio Batista e imponer otra que no ha concluido con la muerte de su líder después de medio siglo.

No podemos negar que en nuestra juventud el Che Guevara fue un modelo de joven revolucionario, del que todo lo deja por un ideal, enfermo y asmático, y que después de haber ocupado la presidencia del Banco de Cuba y el Ministerio de Industria organizaría guerrillas en Angola y que, por orden del jefe supremo, Fidel, terminaría en la aventura boliviana fruto de desacuerdos ideológicos basados en las corrientes imperantes entre los marxistas de entonces. Unos eran pro soviéticos y otros pro chinos. Castro era pro Moscú y Guevara pro Pekín.

Bien se dice que quién no es revolucionario a los veinte no tiene corazón. El que lo sigue siendo a los cuarenta no tiene cerebro. Entonces, en aquellos años jubilosos, el Che fue, lo que hoy se dice, una marca. Su foto icónica, tomada por el fotógrafo cubano Alberto Korda ( La Habana 1928-Paris 2001) el 5 de marzo de 1960, se reprodujo en camisetas, pancartas, afiches, trusas, tatuajes, portadas de libros y revistas, calcomanías. Poetas le dedicaron poemas, cantantes le cantaron, pintores lo pintaron. Los cineastas hicieron documentales. Los niños cubanos, desde la educación inicial dicen “seremos como el Che” . Así lo oímos en una visita a las escuelas de la isla, a niños y jóvenes pioneros, los boy scout cubanos.

El tiempo se ha encargado de revelar la otra verdad de la personalidad de Ernesto Guevara. Primero fue el texto de una carta dirigida a su primera mujer, la peruana Hilda Gadea, el 28 de enero de 1957, aun combatiendo en la guerrilla de la Sierra Maestra, en la que le dice “ …aquí en la selva cubana, vivo y sediento de sangre”

Esa sed de sangre, característica de un psicópata asesino como lo han calificado psiquiatras contemporáneos, se vio saciada cuando fue nombrado Jefe Militar de la prisión de San Carlos, en La Cabaña. Allí Guevara firmó la sentencia de muerte de más de dos mil presos políticos.

Pocos meses antes de morir, el guerrillero que no tenía ninguna posibilidad de triunfar con diecisiete hombres en la selva boliviana, escribe que se debe fomentar el odio “para convertir al hombre en una efectiva, violenta, selectiva, máquina de matar”. Esta lección la aprendieron al pie de la letra Abimael Guzmán y sus secuaces de Sendero Luminoso.

Medio siglo bastó para que el mito del Che se diluyera. Enhorabuena por la humanidad.

About Olga S.F.

Check Also

AGUAS DEL RÍO MAURI, LA ETERNA PROMESA

POR FREDY GAMBETTA Ahora que está nuevamente en el tapete el asunto del uso de …