PALABRA DE TACNEÑO EN AGOSTO

POR FREDY GAMBETTA.

El mes de agosto es el más esperado por los tacneños pues en él se conmemora su retorno al Perú después de un largo cautiverio de casi medio siglo.

Este año, infelizmente, sin tino alguno, a fines de julio se dio a conocer una consulta popular que tiene como base la modificación del Artículo 71, de la constitución. Para una ciudad sensible a todo lo que le recuerde su pasado ello provoca, como ha provocado, una serie de declaraciones que terminan por desunir a la comunidad tacneña y, en algunos casos, a ofrecer un deplorable espectáculo pues se adivina la presencia de los que siempre están prestos para pescar en el río revuelto.

Más allá de si es oportuno vender, alquilar o concesionar terrenos, a extranjeros, como una necesidad pública, no nacional, existe un hecho que, particularmente, es incómodo a los tacneños que peinamos canas o que conocemos la historia del lugar donde nacimos. Ese hecho es que pretendan líder protestas, alegando patriotismo, los que sienten que peligran sus intereses económicos. Caraduras.

Tacna, lo sabemos todos, pasó por el bochorno, durante veinte años, de que se le considere la capital del contrabando. La frontera económica chilena se extendió hasta el gran mercadillo Polvos Azules, detrás del Palacio de Gobierno. Incluso, en Cajamarca, al inicio de los años 80s he visto mercadillos con mercadería procedente de Tacna.

Ese forado a la economía nacional fue una auténtica traición a la patria que nos llenaba de vergüenza. Tuvieron que ser los tacneños quienes lograran que al término del gobierno del presidente Alan García se creara la zona franca de Tacna para eliminar aquella afrenta. Una vez formalizados los mismos comerciantes siguieron trabajando con la Zona Franca de Iquique y, en los tiempos actuales, abriéndose a otros rubros en la agricultura o el turismo. Estas actividades no son recusables pero, a la vez que protestar, deberían plantear soluciones.

Hoy se venden productos de la feria Gamarra, como si fueran importados y las largas “culebras “que traen contrabando de Chile y Bolivia siguen actuando así como las conocidas “cachinas” con productos, dizque, de segundo uso.

En los tiempos que corren existe la Alianza del Pacífico, integrada por Perú, Chile, Colombia y México, que es uno de los organismos más admirados en América al que solicitan otros países ingresar pues reúne a varias economías que trabajan en el comercio exterior con el Asia, especialmente. Allí Perú y Chile son aliados que miran juntos al siglo XXI.

Personalmente, como tacneño, me molestan los actos patrioteros de aquellos que, al no tener argumentos, recurren al grito destemplado escondido entre la muchedumbre. Cuánta razón tenía Samuel Johnson, el escritor inglés del siglo XIX que escribió que el último refugio de los canallas es el patriotismo. El patriotismo bastardo que se usa para defender solamente el interés individual o de grupo, se entiende.

Es preciso bajar la tensión. Conversar con serenidad, con altura, para que exista reciprocidad en las relaciones comerciales peruano-chilenas, jugar las fichas del ajedrez con destreza y pensar en los jóvenes. Con la verdad, no ofendo ni temo.