HOMENAJE A LA ARTISTA TACNEÑA LEONTINA LAURA MARÍN

POR FREDY GAMBETTA. El miércoles 26 de julio de 1967, hace medio siglo, a los cincuenta y cuatro años de su edad, dejó de morar en este terreno mundo la artista tacneña Leontina Laura Marín. Hija de Armando Laura y de Angela Marín había nacido el jueves 21 de agosto de 1913. Nació y murió en invierno ella que era una flor fragante de primavera.

En mi adolescencia la veía pasar por la calle San Martín. Alta, grácil, esbelta lucía un aire aristocrático que se traslucía en sus finas maneras, en el tono suave de su voz, en la forma elegante de mover las manos y en el perfume que dejaba a su paso ataviada con colores vivos, en el verano, y siempre adornada su negra cabellera.

Una mujer así, en una ciudad pequeña como Tacna, despertaba en algunos admiración y algunas risitas de colmillo en los necios inevitables, pues para los espíritus menores la gente que cultiva el arte, la belleza, son seres soñadores, quijotescos, cuando no redomados inútiles.

Leontina cultivó la música y la pintura y fue maestra preocupada por despertar vocaciones artísticas en sus alumnas con la misma pasión y esperanza que puso su maestro el notable pintor Alberto Zevallos Franchi al enseñarle las técnicas de la pintura. Esa preocupación, que fue norte de su vida, se encuentra testimoniada en una entrevista que concedió al periodista e historiador Fortunato Zora Carvajal y que se publicó en CORREO, el 25 de febrero de 1977.

Interpretaba al piano a los grandes maestros y nos ha legado la música de varios himnos entre los que destacan el que cantamos miles de alumnos y ex alumnos bolognesianos. Me refiero al himno escrito por el profesor Enrique Gamarra Hernández, para la Gran Unidad Escolar Coronel Bolognesi, y que empieza con aquellos versos inolvidables: “Adelante muchachos de Tacna por la senda del bien y el honor”

Cuando la entrevistó Zora Carvajal nuestra Leontina le comunicó que estaba seleccionando una colección de sus cuadros para presentarlos en una exposición. Ella partió sin haber realizado su anhelo de que sus paisanos apreciaran sus obras en esos años en los que aún, como era común decir, “todos nos conocíamos”

Conservo una colección de fotografías de sus pinturas, mas nunca he visto un cuadro de ella. Me solazo apreciando, entre otros, la acuarela “Atardecer en el Caplina” y los óleos “Paisaje e iglesia de Calana” “Barrio de Leontina” “Tarata costumbrista” “Bodegón primitivo” “Ikebana de fresias” y “Jacarandá, vilca y pino”

El amor tocó tarde la puerta del celeste corazón de la delicada artista. Carlos Sifuentes, profesor de ballet que llegó a Tacna, un día inesperado, un espíritu sensible como el de ella, hizo que vibraran al unísono para compartir las mieles de la vida entre almas gemelas. No supe nunca si llegaron o no a formalizar esa relación o se trató solamente de un amor platónico entre dos artistas maduros.

Recuerdo a Leontina con los versos de Amado Nervo “era llena de gracia como el Ave María, quien la vio no la pudo ya jamás olvidar”