Home / Columnistas / EVOCANDO CON MI AMIGO SAMUEL

EVOCANDO CON MI AMIGO SAMUEL

POR FREDY GAMBETTA. Samuel Fuentes Olivares es un caballero tacneño, caballero en la extensión cabal de la palabra, que ha cumplido cuatro veces veinte lúcidos años. Es viudo de Martha Fuster Rossi, una dama. Fue una pareja de la que con propiedad se podía decir aquello de que Dios los cría y ellos se juntaron. Tal para cual. Buenas personas.

A propósito alguna vez alguien me dijo que porqué siempre en mis crónicas exaltaba a las personas. Muy simple, le contesté, los malvados, los envidiosos, tienen quienes los exalten y después los demuelan. Esos no me interesan.

Hace algunos días acompañé a mi amigo Samuel a una diligencia en los que, otrora, fueron los extramuros de la ciudad. Me refiero al, antaño, pueblo joven La Esperanza. Recorriendo sus calles traje a las mientes aquellos años en los que, por concurso, gané una plaza como coordinador de la Oficina Local de Pueblos Jóvenes, cuando se iniciaba el gobierno que presidió el general Juan Velasco Alvarado.

Entonces eran catorce los pueblos jóvenes. Se estaban formando y hoy, después de varias olas migratorias, se han creado distritos. Cabe mencionar que tenía en mis manos la adjudicación de lotes. Sin embargo por un prurito de extrema honradez, o tontería, no teniendo propiedad alguna, no me adjudiqué ninguno. Por eso los zafios pueden decir lo que quieran, a mis espaldas, pero nunca aprovechador o ladrón.

Cuando regresábamos del compromiso, me preguntó Samuel dónde deseaba que me dejara. Le respondí que en el centro de la ciudad. Al llegar a la esquina de Patricio Meléndez, con San Martín, nos acordamos de la farmacia Anaya que era propiedad de uno de los primeros químicos farmacéuticos tacneños, Humberto Anaya Morales. En la farmacia atendían sus hermanas Maximina y Eufemia y colocaba las inyecciones, otro hermano, Juan. Las hermanas eran señoritas que célibes murieron. Mario era el poeta de la familia. Buen poeta. La mayoría de los Anaya eran solteros, a pesar de la cara de tristeza que tenían.

Antes de llegar al pasaje Vigil, a mano derecha, nos pareció ver la zapatería El Diamante, de Salomón Berríos y, al frente, la librería El Pibe, de Arismendi y al frente de ésta la tienda de la familia libanesa Moarri Hoss, que aún sobrevive a los avatares de la competencia, junto a la tienda Quina. En ambas todavía se venden los mejores casimires de la ciudad, para quienes gustan de vestir formal y elegantemente.

En la esquina del pasaje Vigil trajimos a la memoria la librería de Marco Alay. Siempre recuerdo, en la acera de enfrente, vecinas del Club Unión, a las hermanas Blanca y Lily Lapeira y Campos, hijas de español. Siendo adolescente me placía conversar con Blanca, en su balcón. Tenían un hermano, Alfonso, fallecido en 1944, que escribía kilométricas poesías a la vieja usanza. En la edición extraordinaria de LA VOZ DE TACNA, del 28 de agosto de 1954, se publicó la tercera parte de uno de sus poemas, el titulado “A la mujer tacneña”

Así, con mi amigo Samuel, en pocos minutos, evocamos algo de la Tacna que se fue.

About Olga S.F.

Check Also

EVOCACIONES VARIAS

POR FREDY GAMBETTA Los tacneños, hasta donde llega mi información, no tuvieron una especial predilección …