UNA MEMORABLE CARTA

POR FREDY GAMBETTA. Conservo en mi archivo un valioso epistolario que ojalá algún día pueda publicar. Entre las cartas encuentro una de la que daré noticia en esta breve crónica. Me la remite la señora Isabel Ayulo Lacroix, viuda del doctor Jorge Basadre, a poco tiempo de fallecer su esposo. Consta de dos carillas. La letra es de delicados rasgos, parejos y legibles. La firma dice “Isabel Ayulo de Basadre”

La señora Ayulo empieza su misiva con un amoroso “Mi querido Fredy” y dice que la escribe para agradecer un recuerdo que yo publicara en El Comercio con motivo de un aniversario del nacimiento de su esposo. En un párrafo expresa “cuánto daría por volver a vivir esos días tan felices que pasamos en su querida Tacna recorriendo la avenida y los lugares tan queridos y familiares para él”

Alguna vez recuerdo que, paseando por la alameda, los esposos Basadre y yo, recordé lo que mi mamá María, que había conocido al doctor, joven, cuando la campaña plebiscitaria, me había dicho refiriéndose a él. Ella me había dicho “Basadre de joven tenía unos ojos muy bonitos”

Al terminar la frase al doctor le brillaron más los ojos, sonrío muy alegre y le dijo a su esposa “Chabuca, escucha lo que su mamá le decía a Fredy, que yo tenía los ojos muy bonitos”. A lo que ella contestó, muy rápido, “tenías”

En otra oportunidad, estando solos el doctor Basadre y yo, le pregunté si es que la señora Isabel lo apoyaba en su trabajo intelectual. Él me contestó que no lo hacía directamente. Pero que tenía una virtud, dijo, “me deja hacer”. Y eso es bastante para cualquier investigador o artista. Que la pareja le deje hacer su trabajo con tranquilidad, sin interrumpirlo, ni importunarlo.

En Tacna los esposos Basadre visitaban, entre otras amistades, a los esposos Castagnola- Zúñiga. La señora Isabel y la señora Haydee Zúñiga Trelles de Castagnola eran grandes amigas.

La señora Haydee había sido, muy jovencita, directora del Colegio Nacional de Mujeres “Francisco Antonio de Zela” y su primera directora cuando se convirtió en Gran Unidad trasladándose a un moderno y espacioso edificio, pleno de jardines, en la calle Alto Lima.

A lo largo de mi ya larga vida he encontrado gente muy buena, simple y generosa pero también, como diría Enrique Chirinos Soto, caníbales, envidiosos y facciosos que han pretendido negarnos el afecto que nos dispensó el doctor Jorge Basadre. Escribo en plural pues transcribiré un párrafo irrebatible y testimonial escrito por la señora Isabel, en la carta que reseño.

Esas líneas directas, finas, de una claridad sin sombra, dicen “ Jorge siempre, por usted, Gróver y Lucho tuvo una gran estimación y cariño muy sincero, preocupándose por sus problemas y alegrándose con sus triunfos” Esas palabras, para mí, valen más que una condecoración, que un título, pues reflejan el aprecio del Historiador de la República por tres, entonces jóvenes, paisanos en los que depositó su esperanza en el último tramo de su brillante existencia.

En el crepúsculo inevitable de la vida nos preguntamos si merecimos tan grande afecto.